Visita N° 4262
Claudio Maggi, director ejecutivo de InnovaChile:
“Hoy es cuando más innovadores debemos ser”

Aunque nuestro país aún está en deuda en materia de innovación empresarial, con un gasto en I+D que se mantiene estable en el tiempo como porcentaje del PIB y nos aleja de naciones más desarrolladas, el titular de una de las principales agencias de impulso a la innovación en Chile opina que tenemos potencial y oportunidad para dar el salto que se requiere. “Éste es el momento de innovar”, dice.

Claudio Maggi acaba de cumplir su primer año a cargo de InnovaChile, con una gestión que se tradujo en cinco convocatorias a concursos públicos, de los cuales surgió financiamiento para más de 100 proyectos de investigación, desarrollo, innovación y emprendimiento, y a los que Innova aportó cerca de US$ 30 millones. Pero ahora tiene frente a sí un desafío mayúsculo: mantener el impulso a la investigación y a las inversiones que buscan innovar, en un escenario de crisis financiera. 

Anticipando que las empresas necesitarán ser cautelosas con sus proyectos, Maggi opina que este momento, en que cae el valor de los commodities que exporta el país, nos obliga a ser mucho más competitivos y eso se consigue siendo innovadores. Según explica, puede ser agregando inteligencia a nuestros productos, conociendo mejor a nuestros clientes en el mundo y creando plataformas eficaces para capturar, empaquetar y transferir conocimiento a nuestro sistema productivo. He ahí los pilares de la innovación, comenta.

Hace mucho tiempo que se viene hablando de la necesidad de innovar en Chile y que el país está muy atrasado en comparación con países como Irlanda, Nueva Zelandia, Finlandia, Canadá y otros ¿Se puede decir que existe realmente innovación en Chile?  

Indudablemente sí hay innovación en Chile y de hecho en los últimos tres años se han hecho avances sustantivos en la materia. La verdad, no sería correcto ni justo suponer que en Chile no hay innovación, siempre la ha habido, desde hace 25 años a lo menos. Si vemos los orígenes de lo que ahora es InnovaChile, éstos se remontan a los años 80; la Comisión Nacional de Ciencia y Tecnología, Conicyt, viene de la década de los 60; los institutos tecnológicos nacieron en su mayoría en los años 60 y la Fundación Chile nació en la década del 70.

¿Cuál es su diagnóstico de la innovación en el país? 

El problema hasta hace poco era que nuestro sistema de innovación carecía de articulaciones y tenía muchos eslabones inexistentes; era, de alguna forma, débil e incompleto, lo que hacía que muchos esfuerzos en materia de investigación, desarrollo e innovación no se materializaban en la creación de valor y riqueza para el país. Pero en los últimos años se ha hecho un esfuerzo muy deliberado por dotar al país de una estrategia nacional de innovación, que ha sido consistente con fortalecer una institucionalidad de apoyo en sus distintos ámbitos, dotando de mayores recursos a las instituciones que trabajamos en apoyar la innovación y ampliando nuestra oferta en materia de instrumentos, temáticas y, sobre todo, articulaciones con los sectores más productivos y emprendedores, quienes en definitiva concretan la creación de valor y de riqueza.

¿Qué debiésemos entender por innovación? ¿Cabe en ello el conjunto de adaptaciones y transferencias que hacemos en Chile pero que se desarrollan en otros países? 

Sí, podemos tener un concepto de innovación en que esas acciones caben perfectamente. En esto nos ayuda una convención internacional que es el Manual de Oslo, que define a la innovación como “toda incorporación novedosa de procesos, productos o modelo de negocios que pueda llegar a tener valor de mercado”, es decir, que alguien en alguna parte del mundo esté dispuesto a pagar por ella.

Somos un país pequeño pero muy integrado a la economía global. Tomando esa definición, es muy poco realista pensar que la innovación venga sólo de investigaciones que nosotros hagamos aquí, en forma aislada de todas las redes internacionales de conocimiento. Es evidente que estamos en un escenario de innovación abierta, donde los desarrollos se están haciendo concurrentemente  en Chile, Corea, Estados Unidos, Europa, Oceanía o incluso otros países de América Latina. Nosotros podemos identificar, empaquetar o integrar una parte de esos procesos. Por lo tanto, la captura y la transferencia tecnológica para un país pequeño como Chile es crítica y fundamental para fortalecer nuestra capacidad de innovación como país, sin que ello signifique renunciar a tener investigación científica propia, que es justamente la que nos permite establecer esas redes.

¿Cuánto invertimos en innovación en Chile?  

Un indicador normalmente utilizado, pero que no da cuenta de toda la actividad innovadora que hace el país en su conjunto, es el componente del PIB como gasto en I+D. En ese indicador Chile no ha tenido avances significativos, pues continuamos en el orden del 0,7%.

Si sumamos los presupuestos de Corfo y de Conicyt, más los centros de investigación y otros fondos sectoriales como la Iniciativa Científica Milenio, por ejemplo, podríamos habar de una cifra no menor a los US$ 600 millones, es decir, unos $ 300 mil millones que el sistema nacional de innovación está inyectando a la economía a través de distintas agencias públicas.

¿Cómo nos sitúa eso en comparación con otros países? 

Si bien eso nos deja entre los países líderes en Latinoamérica, superados solamente por Brasil, es muy menor en relación con el promedio que gastan los países de la OCDE, que están en un 2,2% del PIB. Tenemos que hacer un incremento importante en ese indicador. Nuestra meta es llegar de aquí a cinco años a superar el 1%, y en 15 años a pasar del 2%.

Hay también indicadores que no están reflejados ahí y que tienen que ver con el esfuerzo de innovación que hacen los privados. Actualmente el indicador recoge un gasto privado en I+D que es aproximadamente un tercio del gasto total del país, lo que también nos diferencia de naciones más competitivas.

También otros indicadores tienen que ser considerados. Por ejemplo, en los resultados de una empresa o de una institución, qué parte de esos resultados corresponde a tecnologías desarrolladas muy recientemente. Eso puede ser un indicador relevante, para lo cual es importante mejorar nuestras capacidades de medición de impacto de los proyectos de investigación. En eso estamos.

¿Qué avances se están dando para medir con precisión el real impacto económico de la innovación en Chile? 

Eso es un elemento crítico, pues es inherente cuando se promueve y se trata de desarrollar innovación, que existen riesgos e incertidumbre, especialmente en las etapas más precompetitivas. Los riesgos pueden ser tecnológicos, económicos y de apropiabilidad, o sea, que alguien de afuera copie y se apropie del proyecto.

El Ministerio de Economía suscribió con el Banco Mundial un programa de apoyo que contempla un crédito y un aporte local nacional, una de cuyas componentes se ejecuta desde InnovaChile en conjunto con Conicyt. A lo que apunta es a establecer un sistema de monitoreo y evaluación de impacto de los diferentes proyectos que sean financiados con recursos que provengan de las agencias que están en el sistema nacional de innovación, de manera de poder evaluar con mucha más claridad qué ocurre a partir de muchos proyectos que pueden estar en etapas precompetitivas o de prototipo. Tal vez hay un alto gasto en la continuación de esos proyectos que queda oculto y las cuentas nacionales no lo llegan a capturar, castigando así nuestro indicador nacional.

Eso nos ayudará también a tener claridad respecto de cuáles de los tipos de instrumentos que manejamos, deberíamos fortalecer y preservar en el futuro.

Recursos naturales potenciados

Según un reporte de la OCDE, uno de los puntos críticos de nuestra economía es su alto grado de sustentación en los recursos naturales ¿De qué manera la innovación puede ayudarnos a superar esta barrera estructural? 

La misma OCDE reconoce que si bien tenemos una fuerte dependencia de los recursos naturales, en las últimas décadas hemos sido capaces de desarrollar una gran potencialidad exportadora, a partir de gestionarlos eficientemente.

Esa es una realidad que la han tenido otros países también, como Australia, Nueva Zelandia, Canadá y los países escandinavos, pero ellos han avanzado en la incorporación de valor, ya sea por mayor elaboración o mayor conocimiento agregado a sus recursos. Nosotros estamos dando pasos. Una manzana chilena que llega en perfectas condiciones en el puerto de Rotterdam y que puede estar sin problemas por 30 días en esas condiciones para su consumo, y además responde a gustos y expectativas del consumidor, tiene mucho valor incorporado en su mejoramiento genético, en las condiciones de pre y post cosecha, en el empaque y el transporte. No se trata de pasar de la manzana cruda a la pulpa o al jugo de manzana. Es mucho más que eso, se trata de incorporar inteligencia en nuestros recursos naturales, conocimiento que permita agregar valor.

¿Qué hace falta para que Chile asuma el desafío de la innovación y alcancemos un cambio fundamental en nuestra estructura de negocios, donde seamos capaces de exportar productos de alto valor y tecnificación hacia los mercados internacionales? 

Ese proceso requiere de una mirada muy sistémica, porque los desarrollos que conducen a innovación normalmente son muy concurrentes. Exige un vigoroso aporte del sistema científico y tecnológico para ir desarrollando y empaquetando opciones de mejoras tecnológicas a los productos, un gran trabajo de inteligencia de mercado para saber qué está requiriendo el consumidor, prospectar nuevas necesidades y anticipar nuevas oportunidades, y se requiere una gran capacidad de absorber, transferir y empaquetar tecnología. Esos son esfuerzos que normalmente no los realiza un solo actor, sino muchos actores distintos.

Para avanzar es necesario contar con plataformas tecnológicas que logren pasar de la etapa de investigación a la etapa de prototipo, y para eso también hay que tener capacidad emprendedora. Y todo esto debe ser hecho en forma simultánea, no lineal, pues corremos el riesgo de llegar tarde a los mercados. Eso es el sistema nacional de innovación.

Por eso, tanto InnovaChile como las demás agencias tienen una amplia gama de instrumentos, porque entendemos que estos esfuerzos hay que ir apoyándolos en forma concurrente. Asimismo, es clave que la estrategia plantee una focalización en clusters que pueden llegar a ser muy competitivos, porque no podemos ser buenos en todo y probablemente logremos más avances en aquellas áreas en que ya hayamos desarrollado una cierta capacidad, un conocimiento de los mercados y donde tenemos ventajas comparativas. Ese es el sentido de esta focalización en clusters que son prioritarios.

¿Es un buen momento para innovar hoy, cuando existe incertidumbre y una crisis financiera global?  

Si bien financieramente estamos bien preparados, la situación externa nos va a generar un impacto, probablemente se van a parar inversiones y además, dado que la banca aumenta sus resguardos y adopta políticas más conservadoras, eso puede estrangular a empresas que hoy están sanas pero se encuentran en fase de endeudamiento para completar sus planes de negocio.

Eso significa que las empresas no pueden estar innovando en cualquier cosa, porque no sobran los recursos y hay que focalizarse, pero en ningún caso quiere decir que no se va a invertir en innovación, porque al contrario de lo que uno puede pensar en forma intuitiva, cuando estamos en un escenario más restrictivo es cuando más innovadores debemos ser, porque ya no tenemos el crecimiento de mercado como holgura para instalarnos ni contamos con la renta asociada a los altos precios de los recursos naturales, que era lo que ocurría hasta hace poco.

Tendremos que sostenernos en mercados donde vamos a tener a los competidores pisándonos permanentemente los talones. Tenemos que ser más competitivos, y uno es más competitivo porque tiene mayor productividad, o diferencia su oferta o porque tiene un mejor modelo de negocio. Eso, lo podemos lograr siendo innovadores, creando estrategias que agreguen valor a nuestros productos.

Innovación, un campo conocido 

Claudio Maggi, el actual titular de InnovaChile, es ingeniero civil industrial y magíster en Ciencias de Ingeniería con mención Economía de la Universidad de Chile. Hasta fines de 2007 se desempeñó como gerente de Desarrollo de Fundación Chile. Pero ya tenía una trayectoria en Corfo y particularmente en el ámbito de la innovación, ya que fue gerente de Desarrollo Tecnológico, gerente de Fomento, subdirector de Innova Chile y director ejecutivo de Innova Bío Bío. Además, ha sido consultor, asesor y coordinador en organismos como el Banco Interamericano de Desarrollo, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y el Ministerio de Planificación (Mideplan).

Modelo innovador 

El año pasado, InnovaChile ejecutó un presupuesto para financiamiento de proyectos en sus distintas líneas, cercano a los $ 50.000 millones. “El 2009 proyectamos del orden de $ 67 mil millones, porque se añaden los recursos provenientes del Fondo de Innovación y Competitividad (FIC) regional, que por ley no está en nuestro presupuesto pero faculta a los gobiernos regionales para asignar a Conicyt, Corfo u otra agencia la ejecución de esos recursos, a través de sus propios mecanismos. Entonces, nuestro presupuesto directo para 2009 es del orden de $ 60 mil millones, más $ 7 mil millones adicionales del FIC regional”, dice Claudio Maggi, director ejecutivo de InnovaChile, de Corfo.

¿Cómo opera el modelo de financiamiento? 

Innova Chile es un comité Corfo con un cuerpo directivo integrado por 21 miembros, siete de ellos son de representantes de Corfo, otros siete representan al sector privado y otros siete provienen del sector público en general, incluyendo otras agencias de innovación, ciencia y tecnología. El Comité entrega lineamientos, analiza y aprueba nuestras propuestas y convocatorias. Para aprobar los proyectos, se divide en cuatro subcomités: Precompetitiva, I+D y Bienes Públicos; Difusión y Transferencia Tecnológica; Innovación Empresarial y Emprendimiento Innovador. Para este año, tenemos 24 líneas de financiamiento.

¿Qué tipo de proyectos privilegian y cuáles son los criterios utilizados para adjudicar financiamiento? 

Hay criterios de pertinencia y de legibilidad, es decir, que se trate realmente de innovación (que no sea compra de computadores) y que aplique a los instrumentos que tiene InnovaChile, y después se realiza un análisis técnico y del impacto esperado, que se hace en forma interna y también con apoyo de evaluadores externos. 

Para llevar el control y monitoreo del proyecto, se garantizan todos los recursos que se hayan anticipado y en el contrato mediante el cual se hace entrega de los recursos públicos, que en definitiva son un subsidio, se establecen los hitos de avance del proyecto. Recibimos los antecedentes técnicos y financieros y los revisamos. Hay casos en que el monitoreo se hace aquí en forma interna y en otros lo lleva una entidad externa, como las incubadoras de empresas que hacen el acompañamiento y el monitoreo de los proyectos de emprendimiento y nos informan de ello.

El año pasado cerramos cinco convocatorias en líneas que incorporaban la innovación precompetitiva, generación de bienes públicos (como estándares o información especializada), transferencia tecnológica, difusión tecnológica e innovación empresarial propiamente tal. Implicaron más de 100 proyectos que actualmente se están desarrollando, con una inversión en recursos superior a los US$ 30 millones y plazos de uno a cuatro años, en los ámbitos de desarrollo frutícola, desarrollo alimentario, turismo de intereses especiales, minería (vinculada los proveedores y temas críticos como la gestión de recursos hídricos, energía, gestión ambiental y mejoramiento de procesos), y plataformas de inteligencia de negocios en el exterior.